La joya de la corona

La tradición centenaria de los maestros tequileros mexicanos y los altos estándares de calidad que han mantenido siempre han logrado que el tequila se mantenga como una de las bebidas alcohólicas más conocidas en el mundo. Así como el vodka recuerda a Rusia o el ron a Cuba, el tequila está indudablemente relacionado con México, hasta el punto de que cualquier bebida alcohólica extraída del agave (planta de la que se extrae el tequila) que no sea de ciertas zonas de México no se considera tequila, aunque se emplee el mismo método. Solo en unos pocos lugares tienen derecho a llamar a su bebida tequila, como Amatitlán, Tequila, Arandas y algunas localidades de Michoacán, Tamaulipas y Guanajuato. Esto sucede porque la bebida está protegida por una denominación de origen, lo que quiere decir que para utilizar la palabra tequila deben estar acogidos a las normas de esta denominación, y comprometerse con ciertos estándares de calidad y fabricación. Es por esto que los productos con denominación de origen son de mayor calidad que los otros.

Para que el tequila sea considerado como tal, debe tener un alto porcentaje de agave, actualmente más del 60%. Esto se especifica ya que se utiliza en muchas ocasiones azúcar de caña o jarabe de maíz.

El negocio de la producción de tequila engrandece a México. En los campos se emplean a miles de personas en la agricultura, y otros tantos miles en las fincas y fábricas por donde pasa el tequila en todo su proceso de producción hasta que es puesto en venta. Además, es un importante renglón en la exportación de mercancías, y un producto codiciado a nivel mundial. Millones de pesos mexicanos se mueven día a día gracias a la compra y venta de tequila. Para terminar, es una de las razones de muchos turistas para visitar el país centroamericano.