El ojo experto

Para muchas personas en el mundo la palabra mezcal no significa nada. Unos cuantos, que sí han escuchado el término, lo relacionan con el tequila. Esta confusión es muy común, debido a la estrechísima relación que tienen, y la similitud que presentan en cuanto a procedencia, proceso de elaboración y resultado final. Solamente un paladar experto puede determinar la diferencia entre ambas bebidas.

Pero, ¿cómo diferenciarlos? En primer lugar, hay que tener presente que el tequila es una variedad de mezcal, pero que el mezcal no es una variedad de tequila. El tequila es, grosso modo, el mezcal que se elabora con un tipo específico de agave en una región específica de México. La planta se llama agave tequilana weber en su variedad azul, y para hacer el tequila tiene que ser sembrada en áreas como Tequila (de ahí el nombre) y Amatitán. Sin embargo, el mezcal se obtiene de varios tipos de agave presentes en Oaxaca. Pero la mayor diferencia entre ambas bebidas, y la más fácil de identificar, es el proceso de elaboración utilizado. La industria tequilera, debido a su fama mundial, se ha industrializado completamente, pero la del mezcal permanece completamente artesanal. Esto no es algo que los productores enmascaren en sus etiquetas, porque ambos procesos tienen sus ventajas y desventajas. Sin embargo, los maestros mezcaleros se enorgullecen de mantener la tradición de la fabricación del mezcal tan intacta como sea posible.

Para aquellos que son expertos conocedores, la diferencia puede ser determinada en el sabor de la bebida. Se dice que el mezcal tiene un sabor muy fuerte y que es aromático, mientras que el tequila es una bebida neutra. Sin embargo, debido al alto porcentaje de alcohol de ambas bebidas, resulta muy difícil distinguir entre el sabor de una y otra. Otro elemento es la presencia del gusano en el mezcal, que aunque no todos los tipos de mezcal lo tienen, ningún tequila puede tenerlo para llamarse así.